Regreso al Padre de un gran testigo de la fe, el Padre Bernard STEF

 

El pasado 8 de septiembre, tres días antes que nos dejara, el P. Bernard había ya festejado su 75 aniversario de vida religiosa. De una longevidad sorprendente cuando conocemos las duras pruebas que el atravesó y a las que resistió, nacido en 1916, vivió durante 40 años en el régimen comunista hasta la caída del mismo en 1989.


En el transcurso de este periodo, él conoció la prisión y los campos de trabajo forzosos de 1951 a 1955 y, el resto del tiempo lo paso retirado en Lascud, su pueblo de origen en Transilvania, siempre bajo la vigilancia de las autoridades.

Una vida que da testimonio de las maravillas de la fe

Más que una grande longevidad, es la fecundidad religiosa y espiritual por la que el P. Bernard nos marcaba, para comenzar, lejos de resignarse, el supo utilizar y hacer fructificar todos esos años pasados bajo el régimen de miedo y de opresión. Continuando su vida religiosa regularmente en esas condiciones particulares, el realizó trabajos de gran calidad sobre San Agustín y Santa Teresa de Ávila y tradujo en rumano el libro de Las Confesiones de San Agustín.

Lejos de encerrado en el mismo, ayudó a sus hermanos asuncionistas a mantenerse fieles a su vocación, encontró la manera de seguir catequizando a los niños y de dar comida y de fortalecer la fe de los adultos creando una verdadera base.

 
Después, en 1989 a los 73 años de edad con la fuerza que le daba la fe, él aprovechó la libertad que había reencontrado para desarrollar e intensificar aun más su actividad religiosa y apostólica. Desde enero de 1990, se unió a la comunidad de Blaj para conformar una comunidad asuncionista y participar en la reorganización y el renacimiento de la iglesia greco-católica (prohibida y suprimida en 1948), enseñando durante casi 10 años en el seminario de Blaj, haciendo editar sus obras no publicadas, escribiendo artículos, catequesis y acompañando espiritualmente hasta el de su vida a adultos, animando también grupos de laicos.

Señales que invitan a la acción de la gracia y la esperanza
 

A la imagen de su vida donde las pruebas no dejaron huellas de sufrimiento y no disminuyeron al P. Bernard en el transcurso de sus últimos años. Una de sus últimas palabras inolvidables, tal vez la última, una horas antes de dejar este mundo, fue “no puedo más”, pero en los mismos momentos, un joven seminarista diocesano que se encontraba en su lecho dijo: “es un santo”.


Es de notarse que el sepelio del P. Bernard fue llevado a cabo el 14 de septiembre, el día donde los Cristianos de Oriente y de Occidente festejan la cruz gloriosa de nuestro señor Jesús Cristo. Presididos por Mgr. Vasile Bizau (obispo adjunto del Obispo mayor de Blaj quien se encuentra enfermo) y celebradas con al menos 70 sacerdotes de la catedral de Blaj la cual fue llenada de fieles, constituyeron una magnifica fiesta de iglesia.
 

Para la asunción en Rumania, el sepelio del P. Bernard constituyó al mismo tiempo una gracia. En efecto, por primera vez todos los asuncionistas de las tres comunidades de Rumania se reunieron acompañadas del P. Bernard Le Leannec, enviado especial de Roma por el consejo general, y de 7 Oblatas representando las diferentes comunidades de Rumania.


Podríamos invitarnos a la acción de gracia y de esperanza, la providencia hizo que el P. Bernard nos dejara el 11 de septiembre, el día que Aurel, joven rumano de rito Greco-católico quien vivo 4 años en la comunidad de Blaj, se comprometiera en la vida religiosa asuncionista con otros siete jóvenes.
 

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