La plegaria de cuaresma de San Enfrían el Syriac

 

“!Señor y maestro de mi vida,

no me abandones en el espíritu de pereza

de debilidad y de dominación

y de vana palabreria!

 

Pero da me la gracia, a mi tu servidor,

De el espíritu de castidad, de humildad,

De paciencia y caridad.

 

Si, señor rey,

Recuerda me de ver mis faltas

Y de no condenar a mi hermano

A ti que eres bendito por los siglos de los siglos

Amen.”.

 

Esta plegaria se le atribuye a uno de los grandes maestros de la tradición oriental : San Enfrían le syriac.

Podemos definirla como la plegaria por excelencia de los tiempos de cuaresma.

Le recitamos haciendo tres inclinaciones al final de cada una de las estrofas.

En su simplicidad, subraya bien los aspectos de el arrepentimiento, que constituyen lo esencial de nuestro camino de conversión en el tiempo de Cuaresma.

En el comienzo presenta cuatro puntos negativos, que son los obstáculos a eliminar:

 

El espíritu de pereza

 

El espíritu de debilidad

 

El espíritu de dominación

 

La vana palabreja

 

 

El espíritu de pereza es la enfermedad, la mas grande para la vida espiritual. Este maligno espíritu elimina nuestro deseo de desarrollarse y de abrirse. Nos persuade, a no ver nuestras faltas repetidas, que ningún cambio, Esta pereza es donde se reunen todos los pecados ya que envenena la energía espiritual desde su fuente.

 

La consecuencia de la pereza es la debilidad que es la expresión de la acidia. El padre provincial de Francia, en su blog, nos da una bella expoliación de que representa la acidia :

« … no se si,  ¿ustedes conocen ese sentimiento que corre en los religiosos y que los padres griegos llaman acidia? Ella trabaja con una mala hipocresia que invade el corazón del monje y que le hace perder el gusto de las realidades divinas. En las enfermedades del alma que exploran los psicoanálistas, el termino que conviene, el mejor para caracterizar la acidia es aquel de la depresion. Pero la acidia es antes que nada una crisis espiritual que sumerge al religioso en una tristeza. La acidia es una cuestión de disgusto, de aburrimiento para las “cosas divinas”. El monje, el religioso no tiene mas atraccion por la plegaria, la relación con dios en la oración. Ignacio de Loyola la menciona como « desolación »… »

 

Cuando nuestra vida no esta orientada a Dios , inevitablemente ella se deviene egoísta y centrada en ella misma. Entonces, el camino esta libre para el espíritu de dominación que nos conduce a considerar la realidad únicamente en función de nuestras ideas, de nuestros deseos y de nuestras necesidades. A través de la exclusion de Dios de el centro de nuestra vida, nos realizamos de alguna verdadera muerte espiritual, que nos conduce en un suicidio espiritual.

 

El suicidio espiritual consiste en esto : en no utilizar la palabra de Dios para generar la vida de nuestra vida. Nosotros  quedamos solamente con nuestra palabra, vida y vanidad, que se convierten en una palabreria estéril.

 

Esos cuatro aspectos negativos son el obstáculo a eliminar ; pero, solo la gracia de Dios puede ayudarnos a convatirlos.

 

“... da me la gracia, a mi tu servidor...

 

Después de esta constatación de la impotencia humana, la plegaria nos muestra los fine positivos de el camino de conversión, que son ellos también cuatro:

 

La castidad

 

La humildad

 

La paciencia

 

La caridad

La castidad se opone a el deseo de posesión, que habita en mi corazón. Ella me permite comprender mi vida en su integridad. La castidad me coloca en la condición de reconocimiento de que solo yo, no soy capaz de realizar el verdadero deseo de mi corazón y que todo en mi vida es la fruta de la bienaventuranza de la gratitud de Dios.

 

La visión integral de la vida, fruto de el espíritu de castidad, engendra la virtud de la humildad, que es la capacidad de ver y de acoger la verdad, es decir, de tener las manos abiertas ente Dios en conciencia que nosotros no poseemos nada y que todo nos es dado.

 

La castidad y la humildad son seguidas de la paciencia.

El espíritu de posesion nos hace querer todo y nunca quedar satisfecho. Vivimos continuamente en la ansiedad de realizar nuestros deseos sin encontrar jamas plena satisfacción de los mismo, la paciencia es la fruta de la experiencia de que Dios no decepciona y que la verdadera alegría se descubre solamente cuando tomamos el tiempo de vivir aquel que nos es dado de vivir viendo en profundidad e integralidad.

 

El camino de la conversión encuentra sentido en la virtud de la caridad que es el don de Dios y el fin de todo esfuerzo espiritual.

  

En transcurso cuadregesimal esta resumido en la demanda final, que nos invita a a plegaria, Señor tambien: “ haz me ver mis faltas y de no condenar a mi hermano”.

El orgullo es la fuente de todo mal y todo mal es el orgullo.

El camino de cuaresma nos conduce al pie de la cruz de cristo, por encontrar nuestros limites, nuestras necesidades de ser curados por su misericordia y de practicar en nuestro transcurso la misericordia con nuestros hermanos.

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